jueves, 6 de febrero de 2014

La emotiva carta de Iker Casillas a Luís Aragonés

"Nene, ¿tú crees que estás preparado para ser el capitán?». «Yo pienso que sí, míster, yo pienso que sí», le contesté. Y me quedé dándole vueltas a la cabeza. Luis Aragonés me había entregado una misión y una responsabilidad que marcarían mi carrera como futbolista. Aquel personaje tan especial fue y será siempre nuestro Abuelo, el Abuelo entrañable de la selección. Así le llamábamos todos los jugadores de aquel grupo que bajo su dirección inició y culminó una de las aventuras más fascinantes en la historia del fútbol contemporáneo.

Iker Casillas y Luis Aragonés

Han pasado sólo unas horas de su muerte, pero yo aún sigo viéndole gesticular al fondo del salón comedor, durante nuestras concentraciones. Y sigo escuchándole en aquellas charlas previas a los partidos: su convicción, cómo transmitía deseo. Y sigo mirándole desde la portería, y él me guiña un ojo. O no. Que se haya ido sin prácticamente aviso previo creo que ha sido su último gesto de genialidad: ayer no estábamos preparados y hemos recuperado de golpe los sonidos de una carrera que siempre quedará marcada por la Eurocopa de 2008, aquellos días en los que todos los españoles fuimos tan intensos, atrevidos y orgullosos gracias a un equipo de fútbol.


Fue él el primero y el que más seguro estuvo siempre de nosotros y de nuestro potencial. Fue él el que nos convenció de tal manera que nos llegamos a creer invencibles durante aquel torneo que señaló el futuro. «Mírenme. No hemos venido a perder. Nos han dado por todos los lados y aquí estamos. Y si estamos es para ganar. Ustedes son un equipo cojonudo y la gente lo tiene que saber de verdad. Y la verdad es para los que ganan».

Miro hacia atrás y se me hace un nudo en la garganta al recuperar aquellos maravillosos momentos, momentos íntimos, de vestuario. El Abuelo se ha ido y me queda la tranquilidad de no tener una sola pregunta pendiente para él. Porque Luis era transparente, y todo lo que nos tuvo que decir nos lo dijo. A su manera, pero nos lo dijo. Y todo lo que le tuvimos que preguntar se lo preguntamos. No rehuía el contacto con el jugador; conocía muy bien al jugador.

Es seguro que Luis cambió el destino del fútbol español, pero yo pienso que su legado fue mucho más profundo: nos cambió un poquito a todos, a cada uno de nosotros. De todos nosotros. Junto a él abrí la puerta de aquel avión que nos trajo de Austria, con la Eurocopa en los brazos, y junto a él agarré aquel maravilloso trofeo para mostrarlo con orgullo mirando a los ojos de nuestra afición, a los ojos de todos ustedes. Como capitán del Real Madrid y de la selección española, me pongo hoy, de nuevo, en pie para hacer una reverencia final por él. Por habernos hecho más fuertes. Por convencernos."

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