lunes, 4 de mayo de 2015

Un día en el campo

Imagine que usted sale al campo una mañana soleada, con su familia, y lleva en su mochila la comida que ha preparado el día anterior, las bebidas que ha estado refrescando durante toda la noche, el pequeño botiquín de primeros auxilios, en fin, todo lo necesario para pasar un día estupendo y que le hace sentirse seguro y confiado.

De pronto, cuando llega al campo ve una pequeña piedra que le parece maravillosa. La toma en sus manos, la pone al sol, ve como brillan sus caras, siente su frescura en la palma de la mano y le hace sentir bien, sin saber porqué se siente bien. Usted busca dentro de su mochila un hueco y mete la piedra.

Continúa caminando, feliz, con un poco más de peso en su mochila, pero contento de llevar consigo aquello que seguramente le traerá buenos recuerdos, pero poco más adelante ve otra piedra, esta un poco más grande. Se parece a la que tenía, pero al ser mayor se distingue un poco mejor los materiales que la componen. Seguro que quedará genial en el salón de su casa. De modo que saca la piedra anterior e intenta meter esta, pero la mochila va tan llena que no cabe.

Tras pensarlo, decide sacar el botiquin. Total, cuando vuelva a pasar por allí lo recogerá y podrá llevárselo de nuevo a casa para la siguiente excursión.

Continúa caminando, y su mochila pesa un poco más que cuando salió de casa, pero va contento con su piedra. Seguro que a sus amigos les encantará verla, saber el esfuerzo que le ha costado traerla desde allí.

Casi llegando a la cima de la montaña donde tiene pensado hacer su picnic, una piedra aún mayor parece estar llamándole. Diría que es del mismo tipo que la que lleva, pero tiene algo más, algún metal más la hace ser más fría que la anterior. Seguro que en casa podrá utilizarla no sólo como adorno, sino como un recuerdo del esfuerzo que le costó llevarla.

Dicho y hecho, saca la piedra anterior de su mochila e intenta meter esta. Pero en esta ocasión tampoco cabe, de modo que tendrá que deshacerse de algo. En esta ocasión va a tener que dejar su bebida. De todos modos en la cima hay una fuente y seguramente el agua estará fresca. Allí queda la bebida y la piedra se acopla en su mochila de tal manera que parece que ni molesta sobre su espalda. De hecho al cabo de un rato ya casi no siente que se le clavan sus esquinas y el peso de la mochila parece haber sido siempre el mismo.

Una vez que llega arriba, a la cima de la montaña, saca su comida, pero al hacerlo se araña con la piedra. Intenta curarse, pero se da cuenta de que dejó el botiquín al principio. Bueno, es igual, piensa usted. La piedra merece la pena.

Antes de empezar a comer quiere calmar su sed, pero recuerda que ha dejado su bebida, y que tendrá que ir a la fuente. Allí se lanza, contento porque tiene en su mochila lo que realmente necesita y le hace feliz, y cuando llega a la fuente parece que el agua no está tan fresca como habría estado la de su cantimplora, pero no le da importancia. Total, merece la pena pasarlo un poco mal por volver con su preciado trofeo a casa.

Después de comer y de reposar un poco, comienza el descenso, y nada más empezar ve otra piedra, un poco mayor, con más tonalidades, brilla bajo el Sol de una manera que jamás había visto, de modo que como ahora su mochila va vacía, saca la piedra que llevaba, toma la nueva más grande, la mete en su mochila, se la carga a la espalda, y comienza su lento y pesado descenso.

Le cuesta andar, está cansado, parece que le queda poco para llegar a donde empezó, pero no se ha dado cuenta de que estaba tan preocupado por cargar con su piedra y soportar el esfuerzo que se ha despistado y está descendiendo por otro camino que no es el que quería llevar.

En definitiva poco importa, porque el camino parece llevarle cuesta abajo en dirección a donde dejó su coche al principio. O al menos próximo. Bueno, al menos desciende la montaña, que es algo que sabe que tiene que hacer.

Paso a paso va bajando, cada vez más cansado. Su maravilloso día de montaña se ha convertido en una de las Pruebas de Ulises.

¿Diría usted que su día se estropeó porque perdió algo o porque se llevó algo que no necesitaba?

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