domingo, 13 de octubre de 2013

A los seres nobles y raros

Aquí os dejo un post que he leído en est página que me parece muy bonito que habla sobre la amistad.


Hoy quería hablar de la lealtad.

Quería hablar de caerse, de pegarse la gran ostia.

Quería hablar de que te levanten, dando igual en qué punto de este enorme planeta te hayas caído.

Hoy quería hablar de los amigos.




Quería hablarte de ese día en el que pensaste que el mundo se estaba deshaciendo bajo tus pies y sonó el teléfono. De tus “estoy bien, no hace falta que vengas” y el sonido del timbre de tu casa diez minutos después.

Quería hablarte de esa fiesta, de aquella música de fondo mientras el alcohol llenaba las copas y brindabas. De un coche lleno de gente. De gente que llena tu vida.

Quería hablarte de hacerte mayor. Y de verles hacerse mayores contigo.

Quería hablarte de agarrarte a una boya en medio del mar, durante una tormenta. Y de que esa boya tenga nombre y apellidos. De las personas que tú eliges para acompañarte a lo largo del camino.

Quiero hablarte de cada “tía, que no me llama” y de cada “ten paciencia, llamará. Y si no, nos vamos de fiesta”. De los gritos, saltos, abrazos y cervezas al aire cada vez que Iniesta hacía un regate mágico y marcaba un gol.

Quiero hablarte de un Whatsapp a las cuatro de la mañana. Ese que leíste con el ojo pegado y te hizo salir de la cama a toda velocidad. Porque sabías, sin pensarlo, lo que tenías que hacer.

Quiero hablarte de volver a casa y, mientras te tiras encima de la cama, pensar que todas las noches deberían ser así. De tener la misión de dejar a alguien sano y salvo en casa.

De irte lejos. Muy lejos. Y de que ellos siempre encuentren la manera de ir contigo. De querer matar a alguien y ser capaz de cortarte un brazo por él al mismo tiempo.

De darle a alguien el último cigarro de tu cajetilla. De todas las noches que supuestamente has dormido en su casa, mientras estabas con aquella chica.



Quiero hablarte de que te adopten como parte de la familia en una casa que no es la tuya. De días buenos y malos. Pero todos con ellos.

Y de que poten en la alfombra de tu casa. Y en los asientos de tu coche. De que te cubran cuando haces algo mal. De los que se van contigo a la mierda para que no tengas que ir solo.

Y de que alguien siempre tenga la culpa de que huelas a tabaco. Porque claro, “Mamá, yo no fumo.” De meterle en la cama porque no sabía ni cómo se llamaba.

De presentarte a un examen por otra persona. De las horas en la puerta de una biblioteca. De aquel puñetazo que te pegaron por defenderle.


Y de los préstamos que si no se devuelven tampoco pasa nada. De muchas tardes jugando al Pro, como si así se fuese a arreglar el mundo por un domingo.

Y de mirarse a la mañana siguiente, saber perfectamente lo que está pensando el otro y que no haga falta decir nada más. De compartir una pizza con una resaca del quince. De dormir los unos encima de los otros apretados como sardinas en lata en una tienda de campaña para dejarle la tienda de al lado al único que tuvo suerte esa noche.

Y de volver a casa de fiesta y parar en el McDonald’s a por un menú Big Mac. Grande. Y con patatas. De poner la música del coche a todo trapo, borracho como una cuba, y que te vayan dirigiendo desde el asiento del copiloto como si fueseis en un caza bombardero de la Segunda Guerra Mundial.


Quería hablarte de que la opinión de alguien te importe algo. De dejar que alguien te diga lo que no quieres escuchar. De que te recuerden quien eres cuando a ti se te ha olvidado.

Y de hacer muchos planes. Aunque la mitad nunca lleguen a ocurrir.

Y de que te abracen cuando lo necesitas. Porque todos lo necesitamos.

Y de compartir. Compartirlo todo. Aunque seamos egoístas por naturaleza. De quedar a jugar al fútbol, al paddle, al tenis, al mus. Al criquet si hace falta. De un servicio de emergencia disponible las 24 horas del día, los 365 días del año.

Y de firmar un pacto de caballeros, porque a los dos os gustaba la misma chica. De que los novios, rollos e historias varias de las amigas son sagrados.

De las únicas personas capaces de hacer el imbécil tanto o más que tú, con tal de subirte el ánimo. De las que comparten tu cubo de mierda, porque todos tenemos uno. De los que sabes que, tras cuatro copas, se subirán a una mesa el día de tu boda y después contar uno de vuestros secretos de Estado, gritará lo muuuuuuuucho que te quiere…

De los que mutan en un híbrido entre un pitbull y Jack el Destripador cada vez que alguien quiere hacerte daño.

Y de dos Gintonics para ahogar muchas penas y rescatar unas cuantas alegrías. De pequeños empujones necesarios para hacer las cosas verdaderamente grandes.

Y de favores. Muchos favores y alguna putada, que aquí nadie es perfecto.

Y de que pasen semanas, meses, incluso años, pero que parezca que no ha pasado ni un sólo día desde la ultima vez.

De hermanos que no llevan la misma sangre.

De los de verdad, de esos seres nobles y raros.

Y de muchas tardes recordando todo eso.


Fuente: elcajondegatsby

4 comentarios:

Potter dijo...

Muy bueno. Me gusta lo de "De los que se van contigo a la mierda para que no tengas que ir solo." jejeje

Anónimo dijo...

emmmm.... plagio total de http://www.elcajondegatsby.com/a-los-seres-nobles-y-raros/
TRISTE

Anónimo dijo...

ui....perdón perdón jajaja que no vi que habías puesto la fuente, lo siento!!

El blog que te hará pensar dijo...

No pasa nada, yo si copio algo pongo la fuente, mi intención es compartir información curiosa, ya sea mía o de otro, la cuestión es compartir ;)

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