Acabo de terminar el Camino de Santiago y voy a escribir varias cosas que me gustaría compartir con vosotros…empezaré con las reflexiones y ya iré subiendo las etapas más detalladas estos días.
Si tuviera que resumirlo diría que el Camino de Santiago es una experiencia única, es algo que se aparta de la rutina, de lo corriente, del estrés de la ciudad en la que aprendes muchas cosas y de la gente que tienes alrededor.
El ambiente que hay es genial…la gente es super abierta y super maja. La gente va allí y está igual de mal que tú, igual de lesionada por lo que la gente te ayuda en todo, te deja algo de betadine, de gasas, de compeed, no hay egoísmo, todo es compartir y solidaridad…todo el mundo te deja, te ayuda, te anima y eso es genial. Es una pequeña familia que comparte un destino final…llegar a Santiago…y la verdad es que todo el mundo, pese a las adversidades, llega…TODO.
Raquel, una chica de 20 y pocos años, el segundo día tenía una ampolla que le cubría la mitad de la planta del pie…y cuando la vi dije: pobre, esta chica mañana se va a casa, es imposible que siga…pues siguió…siguió…le dolía pero al empezar a andar el dolor se iba yendo y al final, etapa a etapa, llegó a Santiago…visitando al enfermero o protección civil de cada pueblo al que llegáramos para que le curaran pero sin quitar la sonrisa de su cara y con un par de huevos que ya me gustaría a mí ver a muchos de nosotros si hubiéramos llegado en su situación…
Alberto, un amigo mío que se fastidió la rodilla en la segunda etapa pensábamos que no podía seguir…estaba fatal y estuvo toda esa tarde con hielo en la rodilla y tomando nolotil…pues llegó…y a bastante buen ritmo…
Todos teníamos cosas, ampollas, dolores musculares, pinchazos en las piernas, las rodillas doloridas, los tendones de Aquiles...cada uno tenía sus cosillas pero todos supimos llevarlas lo mejor que podíamos y el ver que todos los demás pueden te hacen que tú también puedas y coger ánimos y continuar.
Cuanto más sufres en el camino más valoras el esfuerzo realizado y ves que tu cuerpo tiene un límite superior al que tú crees…y que con el apoyo de la gente todo es posible.
Aprendes que puedes vivir con 2 camisetas, 3 pantalones, 3 calcetines, 3 calzoncillos, una sudadera, un neceser y un saco de dormir…lavando la ropa al llegar y poniéndote la que está limpia (o medio limpia) puedes aguantar lo que te echen. Duchándote en duchas comunes, a veces el agua super fría, a veces sin papel en el baño, sin gel…pero cuando llegabas a un albergue con agua caliente y una cama te sentías en un hotel cinco estrellas.
Aprendes a valorar muchas cosas, que puedes vivir sin muchas de las cosas que tenemos y que la gente tiene un espíritu solidario increíble…
No pasaba una persona que te adelantaba en el camino sin decir la típica frase “Buen camino” o darte ánimos o unos buenos días de educación…hablabas con cualquiera y compartías cinco minutos en tu camino preguntándole cómo andaba con las ampollas y desde donde venía y todos éramos una gran familia en la que no había egoísmo ni malas caras ni una mala contestación…y eso que teníamos muchos km a la espalda.
La llegada a la plaza del Obradoiro también fue muy emocionante…llegamos todos juntos y es una sensación de satisfacción increíble de ver que al final has conseguido el reto que te habías planteado…que ha habido días en los que has estado muy mal física y mentalmente pero al final has salido adelante y has tirado y has llegado con la gente que empezaste.
Al llegar a la plaza tiramos los bastones, tiramos las mochilas y nos abrazamos todos y fue muy emocionante. También lo fue el luego ir encontrándote a los demás peregrinos por la ciudad y darles un abrazo compartiendo tu felicidad con ellos de haberlo conseguido.
El estar allí es como un mundo aparte…es una minifamilia con la que compartes muchas cosas durante varios días, compartes emociones intensas, compartes dolor, compartes sufrimiento, compartes alegría e ilusión y al final las risas que te echas con la gente y los momentos que pasas con ellos son los que te hacen seguir para adelante y si ellos pueden tú también puedes.
Es una experiencia que recomiendo a todo el mundo. Aparte de todos los paisajes que puedes ver que son increíbles y que si no estás acostumbrado a ver campo y eres más de ciudad vas a alucinar con la de bosques, caminos, puentes, granjas, animales y demás que vas a ver…la experiencia en sí es muy gratificante: los albergues, compartir con la gente muchísimas cosas, el madrugar, el sufrir las ampollas y dolores musculares, la felicidad de ir avanzando en tus etapas y sobre todo el buen ambiente que hay en el que todos ayudan a todos y se sienten igual que tú.
"El dolor es algo temporal, la gloria es para siempre"