Ahora que estoy estudiando
Psicología empiezo a conocer teorías y experimentos muy interesantes. Algunos ya los conocía como el de la
Cárcel de Standford donde tuvo que cancelarlo el doctor
Zimbardo porque se le fue de las manos, o el
Experimento de Milgram donde se observó que éramos
capaces de matar a personas simplemente porque nos lo ordenaba una autoridad.
En este video, tienes una breve explicación de uno de los experimentos
que llevó a cabo
León Festinger y su equipo para evidenciar
empíricamente su
teoría de la disonancia cognitiva.
¿Qué ocurre cuando nuestras acciones no se corresponden con los planes de acción que nos hemos propuesto hacer?
¿Por qué hay personas que se siente muy mal cuando incumplen sus planes de acción y otras a las que nos les afecta en absoluto?
Es coherente toda persona
que actúa de acuerdo con sus
creencias,
valores y
sentimientos. Las
consecuencias psicológicas de actuar inconsistentemente o
incoherentemente son distintas según la importancia que concedemos a las
situaciones en las que se manifiesta y a la importancia que le demos a
los valores que con nuestras decisiones ponemos en juego.
Por
ejemplo, una persona
sincera que valore la amistad y las relaciones
familiares se sentirá mucho peor cuando engaña a su pareja al ocultarle
una relación amorosa que cuando miente a su amigo poniendo una excusa
falsa para no asistir a una fiesta.
Una persona que tenga un elevado
sentido del
deber se sentirá mucho peor cuando incumpla un compromiso
adquirido con un tercero, que otra que no lo tenga. Un estudiante
comprometido se sentirá mal cuando haya suspendido un examen por falta
de dedicación.
Pero
quizás lo más importante, es
cómo las personas disminuimos ese malestar
psicológico que nos producen las actuaciones incoherentes.
Según esta teoría siempre que decidimos hacer algo
incompatible con nuestras creencias más profundas, sentimientos o
valores, se crea en nosotros un estado de
disonancia cognitiva
(incoherencia), una tensión entre lo que pensamos y lo que estamos
haciendo o hemos hecho. Cuando esta tensión ya nos ha incomodado lo
suficiente surge en nosotros un estímulo para reducirla de diversas
maneras:
• Podemos
cambiar nuestra forma de pensar respecto a la decisión
• Tratar de
cambiar lo que los demás piensan del tema para que puedan apoyar nuestra decisión.
• Podemos
cambiar algún aspecto de nuestro
comportamiento de forma que nuestra decisión se adecúe más a nuestra forma de pensar.
•
Otra fórmula es reducir esa tensión o estado desagradable recurriendo a
ayudas externas como cierto tipo de medicamentos tranquilizantes o
drogas como alcohol..., es decir, actuando sobre los aspectos
fisiológicos característicos de la disonancia.
En definitiva,
tratamos de disminuir la incoherencia que se ha manifestado por actuar
de forma distinta a como pensamos que debíamos haber actuado, cambiando
una u otra actitud o incorporando ayudas externas.